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El concepto de belleza

1 comentarios - 03/12/2015


 

 

“He tratado de explicarme muchas veces el concepto de la belleza aplicado al reino animal. He pretendido, incluso, demostrarme que lo bello es un ente cósmico y superior, que traduce siempre la perfección funcional y que los seres humanos, cuando podemos eludir el condicionamiento de las modas, estamos perfectamente capacitados para apreciar el impacto de lo bello. Decíamos que la belleza del leopardo o de la gacela, del halcón o del chorlito, reflejaban de alguna manera las altas cualidades biológicas de los mejor dotados, de los carnívoros, de los herbívoros, de los depredadores alados o de sus presas. Pero esta hipótesis muy bien puede ser falsa. Para el naturalista objetivo, meter el bisturí entre lo antropocéntrico y lo natural es una ocupación tan obligada como difícil. Y digo esto pensando, precisamente, en el polo opuesto de lo bello, en el antípoda del leopardo o del halcón. Me refiero al poco agraciado escuerzo o sapo común. Si la naturaleza se hubiera empeñado en “fabricar” una criatura repulsiva, difícilmente hubiera podido hacerlo mejor que inventando el sapo barrigudo, de marcha torpe, de ojos saltones sanguinolentos, de piel verrugosa y repugnante; el infeliz noctámbulo devorador de insectos ha gozado siempre de la peor reputación entre las sencillas gentes del campo. Y como ingrata e injusta consecuencia de su aparente fealdad, el sapo ha sido uno de los animales más vapuleados y perseguidos. Donde quiera que aparece un escuerzo, si no le ampara la opinión de una persona culta, será apedreado, empalado, lanzado con tanta ira como temor a la más profunda de las grietas o al más tenebroso de los pozos. Y aquí nos tropezamos con el insólito y absurdo final de este breve comentario: el leopardo y el halcón desaparecen por bellos, porque el hombre apetece su piel o su presencia. Al pobre sapo se le aniquila por feo.”


Félix Samuel Rodríguez de la Fuente.

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Comentarios

Ana dijo el 03/12/2015 a las 19:00
Todos los animales -al igual que todos los seres que conforman la Naturaleza- son bellos, porque son lo que son sin pretender ser de otra manera. El sapo, para mí, no es menos bello que el tigre. Si el ser humano supiera observar sin juzgar, no vería en la Naturaleza nada que no fuera perfecto o digno de admiración. Si acaso, nosotros mismos, humanos, somos los únicos que envilecemos el mundo con nuestra soberbia. Tampoco es menos cierto que humanos como Félix Rodríguez De La Fuente alcanzan toda la perfección y pureza de alma de la que nuestra especie es capaz. Gracias por citarlo, ojalá hubiera más hombres como él.

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