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Los cabellos de Medusa

0 comentarios - 24/11/2013


Apenas ha sonado todavía ese maldito nombre y ya tenemos a la mitad de la población de estos lares pronunciando extrañas oraciones y bailando curiosos rituales, cuando no contándonos increíbles hazañas de valerosos y arriesgados cazadores y alguna que otra historia (por no llamarla leyenda mitológica) de algunos comportamientos que, después de entrevistar a sus supuestos testigos, poco tardamos en adivinar que en prácticamente el 100% de los casos la respuesta a la última de las preguntas es una especie de "no no, si yo no lo he visto, pero Fulanito de Copas me lo ha contado".

Desde que su más antiguo ancestro engañara a Adán y Eva en el Edén, las serpientes han estado en la cultura popular como un enemigo de la humanidad, pesando sobre ellas una injustificada leyenda negra que las ha llevado a ser perseguidas desde que la especie humana tiene "uso de razón". Yo creo que si hubiera que buscar una forma rápida para sembrar el terror en casi cualquier persona de casi cualquier cultura del mundo, difícilmente podríamos hacerlo mejor que tirándole una serpiente de goma en la cara sin previo aviso.

Al margen de las temibles estadísticas a nivel mundial que se nos presentan delante de nuestros ojos, estamos, sin embargo, ante uno de los plaguicidas naturales más baratos y eficaces del mundo. Lejos estamos en nuestras latitudes de la presión que representan algunas especies de serpientes en algunas partes del mundo. Con todo esto, debemos tener en cuenta que cualquier serpiente del mundo, si no es intimidada por nuestra curiosidad, jamás va a atacar por placer al ser humano. Las serpientes, al igual que el resto de los animales venenosos de este planeta, necesitan su veneno para cazar, y lo que menos les interesa es malgastarlo por nuestra causa.

No obstante, si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría de los ataques de serpientes peligrosas a seres humanos son perfectamente evitables, solo nos queda agradecerles la intensa y eficaz labor que estos seres desarrollan en nuestro entorno en beneficio de la agricultura, ya que se ocupan perfectamente de mantener a raya las poblaciones de micromamíferos de nuestros campos, lo cual convierte a este animal en uno de los mejores amigos de los agricultores.

No todas las serpientes son venenosas, y además en España no tenemos serpientes especialmente peligrosas en ese sentido ni extremadamente grandes. La mayoría de los ataques de las víboras españolas necesitan de asistencia o al menos vigilancia médica, pero por suerte no suelen tener consecuencias. La culebra bastarda, por otro lado, que es nuestra serpiente más grande, según datos oficiales no suele pasar de 240 cm. Mi mayor registro personal es una camisa incompleta que después de las respectivas reglas de tres le he calculado unos 220 cm, de los cuales habría que quitar unos 20 cm, porque las camisas se estiran un poco después de la muda (la piel de las serpientes es elástica y las escamas se distancian un poco).

Aunque este tamaño pueda resultar un tanto conmovedor cuando se tiene la ocasión de observar algún ejemplar viejo en el campo (los que llegan a esa edad), lo cierto es que este factor no representa ni mucho menos un peligro para el ser humano. Depende de la especie, pero no es normal que una serpiente de menos de 4 metros pueda resultar peligrosa para nosotros si solo tenemos en cuenta su tamaño. Además, la situación del rudimentario aparato inoculador de veneno de la culebra bastarda en la región posterior de su mandíbula y la relativamente escasa acción de su veneno en nuestro organismo restan también peligrosidad a una especie que debemos conservar.

Estemos pues, tranquilos, cada vez que estemos en alguna zona bien poblada de serpientes, vayamos bien equipados aunque haga calor (botas, pantalon largo...) y sobre todo no cojamos JAMÁS una serpiente si no sabemos de qué especie se trata.

 

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